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Basura Metropolitana - 20 años de tranquilidad

El lector se encuentra frente a un relato de la forma como se puso término, hace veinte años atrás, a una importante incertidumbre que existía en la Región Metropolitana desde los años ochenta. Esta era, donde disponer adecuadamente la enorme cantidad de basura que generan los habitantes, de veintiún municipios de la Región Metropolitana, que ha ido en aumento por el crecimiento de la población y la elevación del consumo.

El lector se encuentra frente a un relato de la forma como se puso término, hace veinte años atrás, a una importante incertidumbre que existía en la Región Metropolitana desde los años ochenta. Esta era, donde disponer adecuadamente la enorme cantidad de basura que generan los habitantes, de veintiún municipios de la Región Metropolitana, que ha ido en aumento por el crecimiento de la población y la elevación del consumo.

Te Cuento otra vez esta historia tan bonita

Autor Juan Saavedra Gorriateguy.  Editorial Forja, primera edición octubre de 2010, 232 páginas a color. Portada a todo color. Gran éxito de ventas.
Libro autobiográfico de gran interés, relata la vida del autor desde su niñez en su natal Temuco, sus estudios universitarios en los convulsionados sesenta en la Universidad de Concepción.. Actor en primera persona de la fundación de MIR. Relata su exilio de seis años en Cuba y nueve años en Francia, lleno de anécdotas. En su parte final relata su actividad como Alcalde de la comuna de Pedro Aguirre Cerda, por casi 17 años.

SERGIO BITAR NOVIEMBRE 2010 

Agradezco que se me invite a presentar el libro de un amigo y compañero con el cual recorrimos vidas casi paralelas, con v 

¿Quién es Juan Saavedra? 

Este libro relata buena parte de una vida. Pero no es cualquier vida. Es una de compromiso, de vocación, de altibajos, dolor y alegría, de enseñanzas. Es una vida que se entrelaza con la historia de Chile de los últimos 50 años. Por lo tanto, es también un trozo de la historia de nuestro país. Es la vida de una generación, la de los 60, que por distintos caminos buscó un cambio profundo de la sociedad chilena. 

Y es una vida, que, a lo largo de las páginas, por demás entretenidas, llena de anécdotas y análisis valiosos, muestra la evolución de la izquierda y el progresismo en Chile y América Latina. De Juan Saavedra muchos saben de sus últimas responsabilidades políticas como alcalde de la Comuna de Pedro Aguirre Cerda. Allí fue primer nominado por el presidente Aylwin, como bien lo relata, y luego ganó la primera mayoría en las elecciones de 1992, 1996, 2000 y 2004, permaneciendo en el cargo hasta 2008. 

La memoria es corta, y los hombres y mujeres que han entregado su vida por el cambio social y la democracia son recordados por sus funciones más recientes. Es como la punta de un iceberg. Es esencial conocer lo que hay atrás, los años de formación y lucha, que son las fundaciones sobre las que se erigen las tareas después. 

Juan, hijo de radical, fue fundador del MIR, en los años 60, y uno de sus principales dirigentes, abogado defensor de causas sociales y políticas antes de 1973. Luego del golpe militar se asiló y fue a dar a Panamá. Vivió exiliado en Cuba y en Francia, de los últimos en ser autorizado por la dictadura para retornar, en 1989. Fue obrero de la construcción, jefe de operación de zafras en Cuba, cortando caña, nochero y degustador de alimentos y zapatero en París. Allí fue dueño de la zapatería el Bototo, y los vecinos la llamaban Monsieur Bototo. Se preparó para manejar artillería pesada en Cuba para ayudar a las luchas en Nicaragua y organizó grupos para defensa de los derechos humanos en Francia, Argentina, Uruguay y Paraguay. 

¿Qué mensajes entrega el libro de Juan? 

A los jóvenes aporta importantes enseñanzas. ¿Cómo se forja una vida de tantos avatares y apremios? ¿Cómo se sostiene un camino sin aflojar? También ilustra episodios para entender la historia y pensar lo que viene. ¿Cómo se coaligaron los partidos políticos después del golpe? ¿Qué hicimos bien y qué debemos corregir? 

Tres reflexiones deseo compartir. 

Con frecuencia los jóvenes preguntan por qué las personas de esa generación se dedicaron a la política. Por cierto, depende de las circunstancias, pero la razón principal es una vocación por lo social, contra la opresión, por la libertad. Muchos la poseen en potencia y la expresan de diversas formas. Sin embargo, esa vocación irrumpe en aquellos momentos históricos cuando las luchas contra la miseria se fortalecen o las libertades están amenazadas, o peor, aplastadas. Las generaciones se funden en el crisol de las luchas y desafíos que les toca vivir. 

El propio Juan dice…” estaba en mi ADN”, cada vez que tuvo que decidir volvió a la política, a lo colectivo, a un proyecto más grande. 

A pesar de los sinsabores y, con frecuencia, tragedias que le tocó vivir, como él relata, la existencia es más rica, la vida más completa cuando tiene un sentido que trasciende lo individual. Lo digo también por mi propia vivencia. 

Sus páginas contienen un segundo mensaje, que amerita otra reflexión, Cada uno de nosotros pertenece a una generación y la nuestra fue moldeada por hechos irrepetibles. Vivimos más conscientes de la miseria y la posibilidad de erradicarla, de la opresión y la esperanza de acceder a un mundo libre, la explotación de riquezas naturales por extranjeros que dejaban poco o nada para combatir esa miseria. Nos influyó la revolución cubana, la guerra fría, URSS versus EEUU, Vietnam, la descolonización y la nacionalización de los recursos primarios. En Chile despertaban movimientos de cambios que encabezarían Frei y Allende, con sus respectivos programas e ideas. 

Fue un periodo de grandes cambios, sueños. Esa misma generación soñadora se despertó en una pesadilla. Vivió prisión, muerte, exilio. Vio esfumarse los mitos del socialismo real y caer el nuevo Berlín. Aunque conoció a la vez experiencias de otros países, la pluralidad y la diversidad europeas, para construir la democracia y la convivencia. 

A veces algunos preguntan por qué no hay otras generaciones con esa misma vocación hoy día. Pues porque depende del crisol en que se fundió el material de esa generación en ese momento. 

Las que vienen después están mejor preparadas, cuentan con conocimientos y formación más vastos. Viven en un Chile felizmente 4 distinto, más democrático, libre y justo. Entonces las demandas de cambio son distintas y más complejas. Hay nuevos desafíos globales, por la justicia social y la igualdad de oportunidades, la protección del planeta y el cambio de modelo económico que la destruye y con ello la vida misma, y la conquista de mayor poder ciudadano para contrarrestar el predominio avasallador de las elites dominantes, por la educación pública, por la calidad para todos 

La clave es ahora ensamblar esas generaciones y la nuestra puede ayudar a formar a los jóvenes. Por eso la importancia de transmitir esta vivencia en libros como el de Juan. Por eso la importancia de escribir. 

No todos los de estas generaciones siguieron el mismo camino. Juan siguió uno particular que expone en una sección importante, tal vez la más sustantiva del libro: el nacimiento, desarrollo y declinación del MIR. Realiza una valiosa descripción de los acontecimientos de esos años. 

En Concepción a comienzo de los 60 ya Juan conversa con Miguel Enríquez, Bautista von Schowen, Edgardo Enríquez, Luciano Cruz. Fue un grupo que se incidió en la política a fines del gobierno de Frei y durante el de Allende. Adoptó posiciones radicalizadas. Debatió y se inclinó por la lucha armada. 

No compartí esa posición. Las pugnas con el resto de la izquierda 

dividieron y exacerbó las posiciones de sectores fascistas. El desenlace es conocido y los miembros del MIR sufrieron, y murieron muchos. 

Juan Saavedra aporta su reflexión, sin abundar en palabras, sino a través de sus propias decisiones. El mismo relata varias muertes ocurridas que lo sacuden y lo hacen meditar: la de un joven que se dirige a caballo a prestar solidaridad a un grupo mapuche, portando 

una granada que le explota. Debió ir a explicarles a sus padres. Luego, el choque entre el MIR y la Juventud Comunista con el fallecimiento de Arnoldo Ríos. Más tarde, la muerte de Rolando Matus, joven derechista. La reacción originó la creación de una brigada de extrema derecha con el mismo nombre. 

En el exilio, Juan se cuestionó la decisión de enviar gente del MIR A combatir a Chile. Fue un desastre con tantas muertes inútiles. Y decidió marginarse. Se vinculo a defender la causa de los derechos humanos en otros países. 

Años después, su relación con un gran hombre, abogado distinguido, presidente del Grupo Constitucional de los 24, Manuel Sanhueza, quien fuera Vicepresidente del PPD, Juan resuelve ingresar a ese partido y con ello se abre otra etapa de su vida. Se inicia la construcción de la democracia en Chile. 

La tercera reflexión que emana de este libro es cómo evolucionó el progresismo chileno, la izquierda chilena, sus ideas y proyectos. 

La violencia de la dictadura, la muerte y la violación de los valores más esenciales de libertad y justicia llevaron a la convicción que nada se conseguiría sin una gran alianza plural de fuerzas democráticas. Este hecho fue creando una gran convergencia dentro y fuera de Chile. 

El exilio enseña la gran variedad de situaciones y socavó a ese pensamiento ideológico rígido que caracterizó a amplios sectores de izquierda en los tiempos previos al golpe. 

Se esfumaron los mitos, se aprendió de diversidad y de pluralidad. 

Juan describe el profundo impacto que le provoca visitar el muro de Berlín y la experiencia de cruzar al lado oriental. 

La izquierda y el progresismo chileno realizan por entonces una gran revisión de sus conceptos sobre la democracia. Ella adquiere un valor esencial. No más descalificaciones de democracia burguesa, sino trabajar desde ella, en libertad, con la gente, conquistando nuevos derechos. 

La libertad es el faro más potente para inspirar las luchas del ser humano. Es más fuerte que la lucha por la igualdad. Pues la verdadera igualdad y la eliminación de la pobreza se van conquistando con solidez solo en libertad, con derechos ciudadanos bien afincados. 

La izquierda y el progresismo aprendieron que, en un mundo cada vez más globalizado y complejo, el camino es una secuencia de reformas progresivas y sustentables en una mayoría. 

Los cambios que he descrito surgen del relato del libro. Están, así las leo, en la propia vida de Juan Saavedra La vida al retornar toma otro curso y Juan deviene alcalde Con Juan hemos tenido vidas paralelas. Recuerdo un episodio trágico en su primera campaña de 1992. Muere uno de sus brigadistas, Domingo Faustino Sarmiento. Yo era Presidente del PPD y acompañe a Juan en una conferencia de prensa esa misma noche. ¿Era muy duro y nos recorría la duda å viviríamos de nuevo lo mismo? El temor a la represión estaba vivo

En la parte final del libro, Juan relata los cambios que empiezan a gestarse en democracia, mirados desde su municipio Describe lo que 

encontró al término de la dictadura. Un director de escuela manejando taxi para completar el sueldo, escuelas descalabradas y viviendas escasas y malas, terrenos baldíos, áridos, sin verde, centros de salud sin recursos. Y después ilustra los enormes cambios realizados desde 1990. 

El lector sentirá que Saavedra transparenta cierta insatisfacción por lo que no logró hacer. Y deja en claro su opinión para el futuro: la enorme importancia de los municipios, la necesidad de acrecentar recursos a nivel local y la urgencia por dar más poder y participación a la gente en la comuna. 

En ese análisis suyo de los tiempos que se avecinan al bicentenario emergen alguna respuesta a esa pregunta que debemos enfrentar con lucidez ¿por qué, perdimos la elección presidencial? Pero como dice el refrán: “el que nace chicharra, muere cantando”, Juan termina diciendo que se “apresta a jugar el segundo tiempo de su vida” 

Este segundo tiempo es distinto: los nuevos desafíos están a la vista. El progresismo debe pensar y dar forma a lo nuevo y luchar por un mundo mejor. 

Felicito a Juan por escribir. El libro se lee fácil y es educativo. Muestra que hay que creer en un proyecto, en un sueño y jugársela. Escribir es una responsabilidad para formar a las nuevas generaciones. 

Lo recomiendo.

Sergio Bitar

Desde la Proa

Autor, Juan Saavedra Gorriateguy, Sacho Ediciones, Primera edición setiembre 2015, 118 páginas, Impresión blanco y negro, abundantes fotos e ilustraciones. Portada a Cuatro colores.
El autor relata sus aventuras de viaje al sur de Chiloé, por el mar interior en el archipiélago de Chonos. El relato se entremezcla con interesantes historias poco conocidas de la historia de Chile.
Tiene prólogo de José Goñi Carrasco 

Juan Saavedra Gorriateguy nuevamente nos sorprende.

En esta ocasión lo hace con un muy agradable e informativo documento de un viaje que recientemente ha realizado por el extremo sur de Chile.

Es una suerte de bitácora como diría un marino, seguramente, algo mas auténtico que el autor con las impresiones y reflexiones de un atento observador de experiencias nuevas y que quiere compartir con sus amigos históricos entre los cuales tengo el honor de considerarme y sus amigos anónimos que va a lograr por medio de la publicación de bitácora.

Juan Saavedra, quien ya nos regalo parte de sus recuerdos, el libro “Te cuento otra vez esa historia tan bonito”, en el cual nos contó algunas de las experiencias de su vida en una publicación que a muchos nos lleno de nostalgia, recuerdos y nos ayudo a revivir una historia común, Porque eso es lo que me une al buen amigo “Patula”, nombre con el que lo conocí en la Universidad de Concepcion, hace ya muchos años. A Juan Saavedra lo recuerdo como un líder estudiantil, analítico y de acción; como un referente para las generaciones que llegábamos a la Universidad.

En esa primera ocasiones Patula trabajo el genero de la memoria; esta vez ingresa en otro genero literario: el relato de vivencias y lo hace en un área que no es la suya: desde la historia. Juan ha vivido aparte de la política y de sus aventuras en el exilio para las leyes.

Esta vez se nos muestra en otra de sus facetas y logra con elegancia y compartiendo muchas e interesante información. No pretende mas que difundir hechos y situaciones que alguna vez hemos conocido y olvidado o , simplemente, hemos escuchado en alguna referencia o conversación. Juan Saavedra nos ayuda a conocer mas de Chile y de nuestra historia.

Espero que usted, señor lector, disfrute al igual que lo hizo el suscrito y se motive, al igual que el autor, a escribir sus propias historias que siempre nos pueden aportar algo o mucho. Chile y los chilenos y chilenas no somos muy dados a escribir nuestras memorias y experiencias, lo cual nos priva de conocer mejor lo nuestro.

Juan Saavedra tiene el valor y fuerza de hacerlo y eso es algo muy plausible.

José Goñi

La vida de un Rey

Autor Juan Saavedra Gorriateguy, primera Edición  noviembre de 2019, impreso a todo color, con llamativas ilustraciones 47 páginas. 
 
En diez cuentos describe un personaje canino, divertido y gracioso, que despertará el interés y la simpatía de los lectores, sean estos niños o adultos.. Su sonrisa está asegurada cuando lea la historia de una mascota evangelizada, Rey Patrón o cuando el protagonista totalmente urbano se desenvuelve en el campo. Tenga cuidado, ya que, al leer estos cuentos a un niño seguramente le pedirán que lo repita.
El libro es un homenaje a la mascota, donde el dueño le devuelve la fidelidad, al afecto y la ternura que a diario le da su compañero perro.

Cuando en un libro se narran las andanzas y ocurrencias de una mascota – porque al Rey no le gusta que le digan perro- muchos creen que el lector será necesariamente un niño.  Mi objeción es la palabra necesariamente, como si el adulto quedará fuera del juego solo por ser un animal protagonista y antagonista de la historia.  

Digamos que cuando Juan Saavedra escribía, lo hacía pensando única y exclusivamente en el color de los ojos de su perro, en la forma en que movía las orejas, en su ladrido corto y seco o largo y agudo, en sus patas con barro o en el sonido de los lengüeteos sobre el cuenco del agua. 

Es decir, escribía pensando en cómo retratar lo más fielmente posible al personaje que ocupaba su recreación.  Porque todo lo que cuenta nace y se crea desde la pura realidad.

Por lo tanto, no escribía para una persona, escribía porque existía un personaje. Como debe ser. 

Luego, en el momento de la corrección, sí que pensaba en el lector.  Pensaba en esa mente que recorrería las páginas y que debería encontrarse con lo armónico y limpio de las palabras ahí vertidas. 

¿La edad de esa mente? 

Cualquiera que supiera leer y que se interesara en el tema.

Por supuesto que un niño reconocerá en el poodle del Chaco -como dice el mismo Rey- a un posible amigo y le encantará leer una aventura donde un perrito cae sobre una caca de vaca mientras le hace fiestas a un caballo. Pero también aseguró que cualquier adulto amante de los perros, sentirá con la lectura de estas estampas, toda esa significación, complicidad y sutil ironía que solo entienden quienes a veces manejan con un perro como copiloto. 

     No es la primera vez que se da a conocer en forma de arte este tipo de cariño. Neruda dedicó un bellísimo poema a su perro Calbuco, donde dice “cuántas veces quise tener cola andando junto a él por la orilla del mar… Con esos ojos más puros que los míos, con la mirada que me reservó todo su dulce, su peluda vida”.  Por su parte, Milan Kundera afirma que “el amor entre un hombre y un perro es un idilio. En él no hay conflictos, no hay escenas desgarradoras, no hay evolución”. Y como si fuera poco, Truman Capote le escribía telegramas a su mascota, y uno de ellos decía: “Querido Charlie, aquí todos los perros tienen miedo y pulgas, no te gustarían nada. Te echo de menos. ¿Quién te quiere? Truman (quién sino)”.

Luego de leer este libro, todos quedarán con una sonrisa que les costará borrar. Se habrán encariñado con un perrito inolvidable que hará entender aquello de “Si los perros no van al cielo, cuando muera quiero ir donde ellos vayan” A lo mejor, pienso, Juan ya le leyó este libro a su Rey. Y también pienso que su mascota sonreía. Porque, a estas alturas, podría jurar que el perro sabio reír, solo que Juan eso no lo ha contado.

Ana María Güiraldes